La miseria, la ignorancia, la exclusión son expresiones de la inequidad, son rostros de la violencia de los sectores de poder que gobiernan el mundo. Dos tercios de la humanidad siguen viviendo bajo la línea de pobreza. Si bien la esclavitud se abolió como tal, sigue vigente. Porque un analfabeto no tiene la posibilidad de ser libre, carece de las herramientas para poder transformar su destino. Los excluidos son víctimas de la injusticia, de sociedades que miran hacia otro lado cuando de pobreza o miseria se trata.
El miércoles, en un pasaje ubicado entre la avenida Francisco de Aguirre y el Canal Norte, en la zona de Villa Muñecas, fue asesinada Mercedes Figueroa, una niña que iba a cumplir siete años, que vivía en una humilde casa junto a su mamá y cinco hermanitos. Su madre, Rosa Figueroa, tiene apenas 29 años y todos los días sale a cortar el pasto para darles de comer a sus seis hijos. Durante ese tiempo, los chicos quedan a cargo de la abuela materna. El padre de Mercedes abandonó el hogar hace poco más de un año y Rosa se hace cargo de la manutención del hogar. La pequeña Mercedes cursaba el primer grado en la escuela Zenón Santillán y, cuando no estaba en clase, le ayudaba a su mamá con la limpieza de la casa. "Era una alumna brillante, las maestras siempre la felicitaban", contó la tía de la niña.
La conmoción social que produjo el crimen, fue mayor cuando se hicieron públicas las declaraciones sobre el asunto de la primera dama provincial y presidenta provisional del Senado de la Nación. "Tenemos que hacernos cargo de las responsabilidades que tenemos los padres en lo que hace a seguridad y la obligación que tiene el Estado con respecto al control de la seguridad. Pero sabemos que el Estado solo, sería imposible, porque no podemos tener al señor Estado a la par de una familia que está borracha, y permite que una criatura de seis años esté sola", aseveró. Ante la reprobación de una buena parte de la sociedad, la funcionaria pidió luego perdón por sus dichos.
Pese a su precariedad económica, esa joven mujer de 29 años se las ingeniaba para mantener con dignidad a sus seis hijos, y su niña, asesinada por individuos que habrían estado alcoholizados, no sólo era buena alumna, sino que también la ayudaba en los menesteres hogareños.
La misión del Estado es trabajar constantemente por elevar la calidad de vida de la población, en particular de los sectores más desfavorecidos de la sociedad, a través de la educación, de la salud, de la generación de empleo digno, de una distribución equitativa de la riqueza. En ese sentido, quienes han sido elegidos por el voto popular para representar a la comunidad deben ser conscientes de que son empleados de la ciudadanía; por lo tanto, deben estar atentos a sus necesidades y trabajar para brindar soluciones. Como dirigentes del Estado, tienen la responsabilidad inalienable de velar por la seguridad y la libertad de los individuos. En ese sentido, los gobernantes deben ser prudentes a la hora de pronunciarse sobre episodios que generan dolor en una familia y en la sociedad. Su labor debe ser siempre la contención y no la de culpabilizar a personas que acaban de sufrir una tragedia y que son sólo víctimas de las asignaturas pendientes del Estado. La clase dirigente debería ser siempre humilde porque está al servicio del pueblo. "La miseria es un insulto a Dios; no tiene por qué ser una fatalidad", solía decir el arzobispo brasileño Dom Helder Camara.